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| Isaac Nahón, Susana Soto, Néstor Garrido y Pedro Luis Cedeño en NMI |
Corrían los primeros años de la década de los ochenta cuando me inicié en esa escuela de periodismo que fue para muchos de nosotros el semanario Nuevo Mundo Israelita. Estudiaba en la noche en la UCAB y en las mañanas trabajaba en el periódico de la comunidad judía. Mi primera jefa fue Priscilla Abecasis, una directora jovencita con mucho ímpetu y mucho profesionalismo. Formaban parte también del equipo Judith Crosignani (coordinadora de información), María Teresa Pais de Visconti (diagramación), Alberto Sisso y León Tejtelbaum (fotógrafos). Priscilla dejó la dirección pues se fue al Museo de Bellas Artes, y Judith asumió las riendas del periódico por un tiempo. Judith también cambió de rumbo profesional, y Pablo Goldstein fue nombrado director del semanario por segunda vez. Después se incorporaría al equipo Oro Jalfón. Más tarde se integrarían Néstor Garrido, Susana Soto, Pedro Luis Cedeño, Charlie Riera y Estrella Chocrón. También colaboró con nosotros Mercedes Russo, quien escribía unas entrevistas de personalidad muy buenas. Entre idas y venidas, ocupé la dirección del semanario en dos ocasiones.
De los recuerdos de esa época no se me olvidan los días de cierre, los jueves, en los que esperábamos la llegada del télex para terminar la primera página del semanario. El télex era un “chorizo” de noticias que llegaban desde Israel por un teletipo que había en la Unión Israelita de Caracas, donde están ubicabas las oficinas del Nuevo Mundo. El télex lo enviaba una agencia llamada JNI, venía escrito en mayúsculas y terminaba siempre con la expresión en hebreo SHALOM RAV ("paz abundante" sería una traducción posible). El “chorizo” nos proveía parte del material de primera página, que se completaba con noticias locales.
A la luz de los avances que hemos visto en las tecnologías de información y comunicación, contar esto me ubica casi en la prehistoria del periodismo. Estamos hablando de hace apenas 20 años, pero los cambios han sido tan dramáticos que me siento como si hubiera sido testigo del nacimiento de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg.
Recordando esos tiempos de télex me vino a la memoria una discusión que se dio en el gremio periodístico venezolano sobre el uso de los llamados Video Display Terminals (VDT) en las redacciones de los diarios. El Sindicato Nacional de Prensa emitió un comunicado en 1978 en el que denunciaba que “al periodista se le pretende añadir una nueva función según la cual estaría obligado a alimentar la memoria central de una computadora con la información que su sagacidad, su inteligencia y su fuente le han proporcionado”. El sindicato buscaba proteger los puestos de trabajadores gráficos que transcribían en los terminales las cuartillas escritas por los periodistas. De hecho, prohibió por un tiempo que sus afiliados usaran los VDT en las redacciones, con la excepción de quienes ejercían funciones de secretarios de redacción. Ya sabemos cómo terminó esta historia. Probablemente haya algunas lecciones que sacar de la polémica sobre los VDT. El oficio del periodista se está redefiniendo dramáticamente y todavía hay quien le tiene miedo a los “VDTs” de ahora. Vivimos tiempos de muchas preguntas y mucha incertidumbre para el periodismo, pero también tiempos de grandes oportunidades.
