sábado, 27 de noviembre de 2010

S.J.

El día de nuestra graduación en la UCAB: Isaac Nahón, Susana Soto,
Jesús María Aguirre, s.j. (padrino de promoción), y Néstor Garrido
En agosto de 1993 Emilio Píriz Pérez, entonces Director de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB, me llamó al Diario de Caracas, donde yo trabajaba como Jefe de Política. Me dijo que el Rector de la universidad, el Padre Luis Ugalde, s.j., quería reunirse conmigo. No me dio más detalles. Me quedé pensando qué podría ser. Yo debía incorporarme en octubre para enseñar el curso de Comunicación Institucional, pero hasta allí llegaba mi relación profesional con la UCAB. Cuando llegué a la oficina del Padre Ugalde el Rector fue directo al punto: “Queremos que seas el Director de la escuela”. La oferta me sorprendió. ¿Por qué habían pensado en mi? Yo no tenía ningún mérito en particular. Había enseñado algunos años en la universidad y comenzaba a hacer algo de investigación. Pero la oferta era tentadora. Con cierta audacia  - pues insisto, no tenía méritos para asumir la dirección - la acepté (rompo el ritmo del relato, pues al releer esta frase no puedo dejar de pensar en aquella oprobiosa expresión, “la cual aceptó”).


Fueron una serie de circunstancias las que me llevaron a esa posición. He escuchado que Marcelino Bisbal, quien sin duda tenía todos los méritos y condiciones para asumir la dirección de la escuela, declinó el puesto. Emilio ya había aceptado pasar a la dirección de la biblioteca de la UCAB. Se presentó un vacío que significó para mi la gran oportunidad de volver a mi Alma Mater, esta vez como directivo de la misma. 


La Compañía de Jesús tiene entre sus misiones más importantes la educación. Se dedica tanto a educar a las clases medias y a las élites como a los más pobres (Fe y Alegría en Venezuela es testimonio heroico de ello).  No conozco muy bien a la Compañía, pero como alumno y empleado que fui de los jesuitas creo que entienden que a través de la educación se forma a la gente más allá de la adquisición de ciertos conocimientos o de una profesión. Es lo que viví como estudiante cuando me tocaron profesores jesuitas, quienes sin predicar de forma abierta y moralizante, predicaban de otra manera una ética ante el prójimo y ante la sociedad. Los nombres de aquellos jesuitas me vienen uno a uno. El Padre Francisco Arruza, s.j. , quien nos enseñó los rigores de la lógica y que nos insistía que un comunicador debería ante todo saber razonar correctamente, lo que no siempre es obvio ni común. El Padre Luis Azagra, s.j., que nos mostró que las estadísticas son una forma de interpretar a la sociedad más allá de los fríos números. El Padre José Martínez Terrero, s.j., quien nos introdujo en la economía, siempre con una visión crítica pero nunca dogmática. El Padre Jesús María Aguirre, s.j. (padrino de nuestra promoción), pionero de la investigación de la comunicación en Venezuela, quien nos abrió los ojos a la sociología de los medios, lo que fue en mi caso de gran inspiración y guía en mis estudios de postgrado. El Padre José Ignacio Rey, s.j., el combativo sacerdote e intelectual quien nos dio un curso, por demás fascinante, que se llamaba Fenomenología Socio-Religiosa y que era en el fondo una tremenda autocrítica sobre rol que la Iglesia Católica jugó en el proceso histórico latinoamericano.  


Como cada experiencia que nos marca en la vida, mi encuentro con los jesuitas ha dejado una huella indeleble. Puedo decir además que esta experiencia tiene mucho de extraordinaria, pues hace algunos años en ciertos países hubiera sido impensable. Si me detengo a analizarla un poco, es por demás esperanzadora, pues representa un ejemplo vivo de la convivencia entre seres humanos que reconocen y respetan sus diferencias,  al mismo tiempo que profesan el valor supremo de la fraternidad. Esto se ha afirmado en años recientes, cuando la UCAB, con el apoyo entusiasta del Padre Ugalde, profundizó los vínculos con la comunidad judía venezolana para que se desarrollaran allí cátedras y actividades orientadas a la difusión e investigación de diversos aspectos del judaísmo y de la historia judía. Con esto, como en tantas otras cosas, los jesuitas han predicado con el ejemplo.

3 comentarios:

  1. Isaac me estás contagiando. Casí que me voy a poner a escribir mis memorias en mi blog y contar mi experiencia como española-venezolana viviendo inmersa en medio de una comunidad de judíos askenazís y corriendo en alguna celebración religiosa por debajo de las piernas (con medias blancas) de un buen grupo de rabinos mientras rezaban en la mesa antes de comer.Por cierto muy vestida para la ocasión a su modo y forma: medias largas, blusa de mangas largas, chaquetita y falda...ufff...recién llegada de España no veas el calor que sentí.Pero, lo cierto es que mi padre por su situación personal se sentía más cómodo en ese ambiente que en ningún otro.

    ResponderEliminar
  2. Hola Mercedes:
    Sería bueno cruzar memorias, especialmente las tuyas de española-venezolana entre judíos askenazíes, y las mías de sefardí-venezolano. Un abrazo

    ResponderEliminar